«Si ni tan siquiera mi madre, por ser madre puede hacerlo, tu nunca lo entenderías, porque esto ya viene de cuna. Ser o no ser no se elige, por eso, no me juzgues.
Esta es herencia primitiva en tiempos modernos, que todavía aún, acompaña a unos cuantos y sigue escrita en nuestros genes, y en la historia del tiempo.
No pienso en la caza con sed de sangre. Y, ni mucho menos sería, si no escucho a mi instinto…. Respiro y soy libre tanto, que muchos días no importa el resultado. Esto es más de lo que puede verse.
La caza…
Que empuja a pasar horas en la escarcha, en la noche, en la sierra, en el valle… Viendo donde nadie ve.
Sonidos, olores, lugares y momentos que invitan a regresar allí donde te sientes feliz. Conociendo y viviendo la verdadera naturaleza y ser de ella…
Y escuchando al viento en silencio con mesura y conteniendo la emoción al buen acierto, volveré una vez más a tenerlo de frente sentenciando la suerte al macareno que me hace soñar despierta.
Vida y muerte forman parte del ciclo, que esto no es solo caza. Difícil de explicar, difícil entender.
No pido que me comprendas, sólo que me respetes.
Y si mis ojos no ven con odio mi alma, no siente arrepentimiento… Así hasta el fin de mis días».
Susana Rivero


