“Otro jabalí recuperado con el Otto”

Rastrear y recuperar una pieza herida con nuestro perro de sangre es un momento sublime para cualquier cazador, el mejor de los lances. Tras ello hay muchas horas de entrenamiento, de complicidad con nuestro perro, de suerte incluso para escoger al cachorro. Ahí le dejo el último jabalí cobrado por mi amigo Leopoldo Oliva y su teckel Otto contado por el mismo.

“Que podemos esperar 14h después de tirar un cochino con un 308. El cazador no tiene claro el lugar exacto del anchuss por lo que ponemos a Otto alambrada arriba con la intención de que corte el rastro al cruzar la gatera por la que haya huido el cochino. El perro va paralelo al alambre hasta que se detiene, pega la nariz al suelo y gira a derecha colándose por una gatera donde apreciamos las primeras gotas de sangre. En ese momento el cazador me pregunta que opinión me merece la sangre y le digo: “me gusta”; por el color daba la impresión que era un tiro de órgano.

El primer tramo del rastro discurre por un olivar donde a pesar de huir toda la piara junta, el perro discrimina olores y sigue la emanación de la pieza herida.

Durante algo más de un kilómetro de distancia Otto sigue con firmeza el rastro no perdiéndolo ni un solo momento. La presencia de pequeñas gotas durante el recorrido nos confirman que íbamos en la buena dirección.

Aunque era evidente la seguridad con la que el perro estaba resolviendo  el rastro, nuestro temor era que el animal se hubiera metido en alguno de los zarzalones que hay en la zona, algo habitual y que imposibilita recuperarlo. La suerte nos acompañaba y veíamos que el cochino había tomado la dirección hacia la Solana, una mancha de jaras y aulagas, donde posiblemente el cochino había desencantado horas antes. Justo antes de llegar al jaral cruzamos un camino y el perro en lugar de cruzarlo gira y sigue al hilo del camino. Vemos entonces alguna gota de sangre por lo que sabemos que vamos bien.

Como a unos 50metros el perro pierde el rastro y tras buscar y buscar la salida vemos que el perro toma el camino de vuelta pero en esta ocasión por el otro lado del mismo. Volvemos a ver alguna gota de sangre, lo que nos hace confirmar que el cochino ha ido y a vuelto unos 50metros por el camino sin saber por donde huir. Tras varios intentos sin éxito de encontrar la salida decidimos parar y dar de beber a Otto.

Tras el pequeño receso volvemos al camino donde el perro vuelve a barrer el lateral hasta que ahora sí, con firmeza, decide cruzar la alambrada y entrar en el monte. Unos metros más adelante volvemos a ver unas gotas de sangre que nos hacen recuperar la ilusión y ya dentro del monte Otto acelera el paso, hay que recordar que la espesura del monte ayuda a que la emanación del animal se mantenga y sobre todo que las jaras con las que se roza durante su huida se impregnen. Todo eso ayuda enormemente al perro que por momentos parece que vuela entre las jaras obligándome a reptar para poder seguirle. Entre un monte tan apretado es muy complicado poder ir viendo el comportamiento del perro para ver si levanta la cara o hace cualquier gesto que te haga pensar que vamos bien, solo puedes confiar y confiar. Aunque no puedo ver a Otto noto como la traílla se destensa  y algo me hace intuir que lo ha encontrado. Efectivamente sigo recogiendo cordaje y veo al perro con el cochino a sus pies ¡Ole ese perro! La emoción me hace gritar y felicitar  a mi fiel compañero…

Muchos cazadores que nos acompañan nos reconocen que hasta que no viven un lance así con un perro de sangre no son conscientes de lo que se han perdido hasta ese momento”

Enhorabuena amigo.

¡¡¡Viva la caza!!!