A los pies del Tiatordos, Pendones sufre el olvido de políticos y administración de una forma tan insultante que con seguridad es uno de los pueblos más abandonados de todo el Principado. Mientras a otros van llegando mejoras, Pendones está cada vez más aislada. Frente a las quejas por ello, la burda excusa de la falta de dinero que denota una nula voluntad política de solucionarlo, evidente desde el momento de que las carencias de Pendones están superadas ya en el resto de los pueblos de Caso. Sufren los vecinos ese abandono hasta el punto de que un joven discapacitado, que se desplaza en silla de ruedas, ha tenido que abandonar su único posible paseo diario porque el argayo que cortó la carretera ya hace años, quedó como un camino de cabras, rematado con piedra y zahorra muy gruesa, en vez de asfaltar o aglomerar esos 20 metros para posibilitar el paso.



