El proteccionismo del lobo se compone de dos tipos de gente: cuatro vividores y un rebaño de borregos que les siguen. Los primeros unos pocos listos amparados por fuerzas políticas “istas” que viven del dinero público. Los segundos una masa de ignorantes que no tienen ni “puta idea” repitiendo como papagayos las mentiras que los listos les cuentan. Ni unos ni otros ponen un duro, ninguno sufre los daños del lobo. Viven en terrenos donde el lobo habitó pero quienes usurpan el territorio son otros, no saben que los lobos se comen a los mastines pero hablan de ello como una solución mágica, hablan de la convivencia con el lobo de épocas pasadas sin saber que entonces fue infinitamente más perseguido que ahora, desconocen que el lobo está entre nosotros porque fue declarado especie cinegética evitando su extinción, la caza lo protegió. Y el tercer implicado el ganadero, desangrado por los listos, machacado por los borregos, mientras ve como merman sus ingresos tras el paso de las fauces del depredador. Al lobo hay que controlarlo con mano férrea, hay que cazarlo sin descanso hasta que su población permita la convivencia con el hombre, el que no esté de acuerdo que comience dando ejemplo sacando la mano del bolsillo para ayudar al que sufre los daños.
Ahí le dejo un ternero mordido estos días en Cebreros, Ávila y un potro soriano. Ánimo compañeros, esperemos que esta chusma deje de tener respaldo político lo antes posible, y los que vengan legislen sin complejos contra esta banda de mangantes.
Viva la caza. Long life to hunting.


